El karate tiene la costumbre de nombrar con precisión lo que otras disciplinas apenas intuyen. En este artículo, el Sensei Carlos Alfaro trabaja tres de esos conceptos —mikiru, kime y todome— que Nishiyama Sensei desarrolló como una tríada técnica, pero que al leerlos de cerca revelan algo más: una descripción exacta de cómo se actúa con claridad cuando el momento lo exige.
Puede leerse como un episodio de combate. Puede leerse también como una manera de entender las decisiones que tomamos —o que no logramos tomar— en la vida cotidiana. Las dos lecturas son válidas. Las dos son el karate.
MIKIRU, KIME Y TODOME, una triada “oculta” de Nishiyama
En el karate tradicional, la técnica no comienza con el movimiento, sino con la relación correcta entre el cuerpo y el espacio. Esta relación está determinada por la distancia, pero no por cualquier distancia. La distancia correcta es aquella desde la cual el karateka puede ejecutar una técnica completa sin ajuste previo. A esta condición, Sensei Nishiyama la denominaba mikiru.
En su significado original, la palabra japonesa mikiru significa “ver completamente”, “ver hasta el final”, comprender una situación sin dejar nada pendiente. Sin embargo, en el enfoque de Nishiyama, esta claridad no se alcanza mediante la observación ni a través de un refinamiento perceptivo de la mente. Se alcanza mediante la correcta relación corporal con la distancia. Para Nishiyama, ver no es una función de los ojos, sino una consecuencia de estar correctamente ubicado.
Mikiru no es simplemente la separación entre dos oponentes. Tampoco es una apreciación visual ni una percepción intuitiva. Es la distancia funcional en la que el cuerpo se encuentra estructuralmente preparado para ejecutar un golpe efectivo. Cuando el karateka está en mikiru, no necesita adelantar el cuerpo, inclinar el tronco ni modificar su postura para atacar. El golpe puede surgir de inmediato porque el centro de masa, la base y la trayectoria están correctamente alineados, el cuerpo y la musculatura ya está preparados. No hay corrección posible ni necesaria.
Cuando el karateka se encuentra fuera de la distancia correcta, la percepción se vuelve ambigua. Aparecen la duda, la anticipación y la necesidad de interpretar. El cuerpo necesita ajustar, compensar o forzar. En cambio, cuando el karateka está en mikiru, la situación queda completamente definida. Ya no hay nada que interpretar. La acción decisiva ya existe. En ese punto, el karateka no “lee” al oponente: la técnica está decidida por la posición del cuerpo en el espacio.
Desde esta distancia correcta, el movimiento técnico se expresa con naturalidad. Es aquí donde aparece el kime. Kime no debe entenderse como tensión muscular ni como un esfuerzo consciente por endurecer el cuerpo. Tampoco como una intención mental de “poner energía” al final del golpe. Kime es el resultado inevitable de una mecánica correcta: la energía generada desde el suelo se transmite a través del cuerpo sin interrupciones y se concentra en el instante final de la técnica. Cuando la distancia es incorrecta, el karateka intenta compensar con fuerza muscular. Cuando la distancia es correcta, el kime aparece sin esfuerzo adicional.
El resultado final de estos principios es el todome. Todome no implica violencia ni intención emocional. No es una construcción imaginaria ni un recurso pedagógico simbólico. Es certeza técnica. Una técnica que genera todome es aquella que, de haber sido ejecutada en una situación real, habría sido suficiente por sí misma. Esta certeza no proviene de la voluntad ni de la agresividad, sino de la correcta relación entre distancia, postura, equilibrio y mecánica corporal.
Todome solo puede existir cuando el golpe nace desde mikiru y se expresa mediante kime. Si el karateka necesita repetir la técnica, ajustar la distancia o corregir la trayectoria, entonces el Todome no estaba presente. Es la consecuencia natural de haber comenzado desde la condición correcta.
La cadena es clara y no admite adicionales: mikiru permite el kime, y el kime valida el Todome.
Por esta razón, el estudio del karate no debe centrarse únicamente en la forma externa de la técnica ni en la búsqueda de estados mentales especiales. Debe comenzar por la comprensión profunda de la distancia funcional. Cuando el karateka aprende a ubicarse correctamente, la percepción se vuelve clara, el movimiento surge sin tensión y la técnica adquiere un significado real.
La claridad no precede a la técnica; es su consecuencia.
En ese punto, el karate deja de ser una secuencia de acciones y se convierte en un sistema coherente, preciso y verificable.
“El karate de Sensei Nishiyama se aprende de cerca, muy de cerca.”
Autor: Sensei Carlos Alfaro (Chile). 6º Dan Shotokan de Nishiyama
Nota: Texto desarrollado a partir de sus enseñanzas y sistematizado para su publicación.
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