Una forma de pensar la práctica aplicada al trabajo, los proyectos y la formación profesional.
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Hace cinco años comenzó Mokuso.
No como una revista de karate, sino como una pregunta: ¿qué sentido tiene la práctica si no se refleja en la vida cotidiana?
Con el tiempo, el proyecto tomó forma a través de entrevistas y artículos vinculados al karate, el zen y la cultura japonesa. Pero el eje nunca estuvo ahí. Siempre estuvo en otra parte: en entender cómo se construye una práctica con sentido.
En ese recorrido apareció algo claro. Muchas de las ideas que surgen en el dojo —la disciplina, la repetición, la toma de decisiones, la relación entre técnica y conciencia— no pertenecen únicamente a las artes marciales. Son las mismas que aparecen en distintos ámbitos donde hay que aprender, sostener procesos y tomar decisiones.
A partir de ahí, lo que se vuelve necesario no es un cambio de tema, sino una evolución en el enfoque.
El interés no está en la práctica como tema, sino en la práctica como forma de trabajo. En cómo se aprende, cómo se mejora y cómo se sostienen procesos en el tiempo.
En ese sentido, la mejora continua deja de ser una idea asociada a un contexto específico y pasa a ser una herramienta concreta. Aplicable tanto al entrenamiento como a cualquier entorno donde haya que desarrollar criterio, sostener procesos y mejorar en el tiempo.
El karate, el zen y la cultura japonesa siguen estando. Pero ahora como marco desde el cual pensar problemas más amplios.
A partir de este momento, cada contenido de Mokuso buscará hacer explícita esa relación. No solo mostrar una práctica, sino qué de esa práctica puede aplicarse en otros contextos.
Ese es el paso.
No es una ruptura, sino una forma de ser más preciso con lo que Mokuso fue desde el principio.
Ariel Garofalo
Director






















