¿Qué puede aprender un equipo de trabajo de un dojo? Más de lo que parece. Con más de 40 años de experiencia, Carlos Martín Tellechea propone entender la práctica no como un fin deportivo, sino como un modelo para liderar personas, sostener procesos en contextos inciertos y formar equipos capaces de superarse a sí mismos. Una conversación sobre liderazgo real: el que no se impone, sino el que se construye con el tiempo.
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“El dojo es, por definición, inclusivo”, sostiene Carlos Martín Tellechea. Pero no lo plantea como un ideal, sino como una práctica concreta: cualquiera que entra, sin importar su historia, encuentra un lugar desde donde empezar.
Desde ese punto de partida, Tellechea introduce una idea clave que atraviesa toda su forma de enseñar: la experiencia no se mide por títulos, sino por “kilometraje”. Es decir, por el tiempo sostenido en el proceso, por los errores atravesados y por la capacidad de seguir avanzando.
Esa lógica tiene una consecuencia directa en su forma de entender el liderazgo. Para él, la autoridad no es un rol que se declara, sino un reconocimiento que otros otorgan con el tiempo.
“Un guía jamás se autodenomina como tal”, afirma. “Ese lugar te lo dan quienes deciden seguirte”.
En ese sentido, alcanzar un grado técnico o una posición de mando no garantiza nada. El respeto real —el que sostiene a un equipo en el tiempo— aparece recién cuando hay coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
“El cinturón negro no te hace sensei”, resume. “Es un recorrido largo, de mucho kilometraje”.

¿Qué te impulsó a iniciar en esta disciplina?
Mi búsqueda no fue física, sino filosófica. De niño, el Budismo Zen me despertó una curiosidad profunda por conceptos como la distinción entre filosofía y religión, o la idea de una espiritualidad sin deidades. Al descubrir que las artes marciales traducían esos preceptos a la práctica concreta, supe que ese era el camino. Aunque una lesión me obligó a interrumpir mi inicio en el Judo, el encuentro posterior con un maestro de Karate fue revelador: él me dio la clave para desarrollarme en dos carriles simultáneos: el físico y el filosófico.
La seguridad interna como base del liderazgo
En aquellos años, la práctica deportiva se concentraba en los clubes y el karate vivía un auge de convocatoria. Tellechea recuerda un momento fundacional: su maestro reunió a todos los principiantes en un salón al fondo del dojo. Tras escuchar las razones superficiales de cada uno sobre por qué querían entrenar, el maestro fue tajante:
—Hace 30 años que practico karate y nunca le pegué a nadie. Si vinieron para aprender a pelear, retírense. Esto es para otra cosa.Aquel mensaje, lanzado a riesgo de vaciar el dojo, fue lo que convenció a Tellechea para siempre. Entendió que el objetivo no era la acumulación de poder físico, sino el desarrollo de una seguridad interna tan sólida que hiciera innecesaria la confrontación.
La lealtad como brújula ética
Casualmente, el día de esta entrevista se cumplen 20 años del fallecimiento de su único maestro. “Nunca tuve otro, no lo necesité”, afirma Tellechea. Para él, la figura del guía no es alguien a quien seguir ciegamente, sino una referencia que se internaliza.
En cada práctica, en cada decisión, se remite a esas enseñanzas y correcciones que quedaron grabadas como un estándar de exigencia personal. Esa presencia habita en su método de trabajo, dentro y fuera del dojo, demostrando que un proceso formativo sólido trasciende la presencia física de quien lo inició.
El liderazgo como servicio y la soledad del guía
Tellechea entiende que ejercer el rol de guía implica aceptar una asimetría necesaria: ser el punto de apoyo para los demás sin pretender reciprocidad. “Un mentor brinda herramientas y contención para afrontar la realidad, pero rara vez transmite sus propias dificultades a quienes lidera”, explica.
Para él, la maestría no es sinónimo de perfección, sino de sostener una búsqueda de mejora constante que sirva de referencia para otros. El indicador de éxito en este camino es claro: la misión del guía se cumple cuando sus discípulos continúan avanzando y logran llegar más lejos que él.
Mentoría: confrontar sin romper
En un texto dedicado a la memoria de su guía, Tellechea desgrana la complejidad de ese vínculo: un mentor es alguien que tiene la capacidad de interpretar, interpelar y, sobre todo, incomodar.
En su visión, el crecimiento no surge de la complacencia, sino de una exigencia que expone las debilidades para luego fortalecerlas. “Es alguien que te mira profundamente y te conoce”, escribe. Pero esa presión tiene un contrapeso indispensable: la contención.
El liderazgo, en este sentido, se convierte en un pacto de confianza donde el discípulo elige ser guiado para descubrir su propio potencial.
Competencia vs. Maestría: El valor del “test de estrés”
En el dojo Nin-Do Kai, la competencia no se confunde con la práctica central; es una instancia complementaria con objetivos pedagógicos específicos.
Tellechea no minimiza los beneficios de medir el propio desempeño frente a otros, pero los sitúa en una dimensión formativa: aprender a gestionar el miedo y, sobre todo, aprender a procesar la derrota. Para él, estas no son habilidades deportivas, sino herramientas de supervivencia emocional.
“La competencia te prepara para la vida”, afirma, entendiendo que el verdadero valor de un desafío no es el resultado, sino la capacidad de sostener el criterio cuando la presión aumenta.

La evolución del método: del impacto a la síntesis
- La ejecución por fuerza: el inicio donde el ímpetu suple la falta de experiencia.
- La depuración técnica: donde la eficiencia reemplaza al esfuerzo bruto.
- El espíritu: la etapa de síntesis donde el conocimiento se vuelve instintivo y trasciende la capacidad física.
“Es lo que vemos en los maestros de 80 años”, explica Tellechea. “Su técnica es superior a la de los jóvenes porque ya no depende del músculo, sino de una conexión más profunda con el movimiento”.
El Kata como ADN: identidad y coherencia
En el estilo Goju Ryu, el Kata (la forma) es la esencia que articula todo el sistema. Aunque la escuela participa en circuitos competitivos, Tellechea mantiene una política de absoluta coherencia: jamás ejecutan formas que no pertenezcan a su linaje.
“Los ocho Katas fundamentales resumen el espíritu de nuestro estilo”, afirma.
Para la escuela, el Kata no es un ejercicio estético, sino el reservorio de su conocimiento estratégico. Renunciar a la espectacularidad de otros estilos en favor de la profundidad del propio es una declaración de principios: la maestría no se alcanza acumulando técnicas diversas, sino profundizando en la estructura propia hasta que el movimiento se vuelve identidad.
Sucesión: cuándo un líder está realmente listo para irse
Tellechea no entiende el liderazgo como una posición estática, sino como un proceso de alternancia. “Me interesa mucho el recambio; ya sé quién me va a suceder y lo estoy entrenando para eso”, explica.
Su sucesor, a quien formó desde los ocho años, es hoy el pilar de un relevo planificado con décadas de antelación.
Al delegar el mando, Tellechea asume un nuevo rol: el de observador y guía desde la distancia, permitiendo que la nueva generación asuma la responsabilidad de liderar y, fundamentalmente, de equivocarse.
Su generosidad como mentor se resume en una meta clara: “Ellos tienen que ser mejores de lo que yo fui; deben capitalizar mis errores para no repetirlos”.
Para él, el éxito de un maestro no reside en su permanencia, sino en la solidez y autonomía de quienes vienen detrás.
Kime: la síntesis del proceso
Como un kime waza —el movimiento que concentra toda la energía para finalizar una técnica—, Tellechea recurre a la sabiduría del Tao Te Ching para resumir su filosofía de vida y enseñanza:
“La semilla es árbol o no es”.
En esta breve sentencia se encierra el núcleo de su propuesta en el dojo Nin-Do Kai: la práctica no es una promesa a futuro, sino una ejecución presente. No se trata de “querer ser”, sino de “ser” a través del hacer constante, del kilometraje acumulado y de la voluntad de sostener el camino, pase lo que pase.
En términos simples: no se lidera desde la intención, sino desde la práctica sostenida.
Entrevista: Emiliano Cazanetz, redactor de Mokuso Revista y entrenador.
Edición: Ariel Garofalo, director de Mokuso Revista, dedicado a la gestión de proyectos y equipos.
Dojo: Nin-Do Kai
La Plata, provincia de Buenos Aires
Días y horarios de clases:
- Adultos: Lunes y miércoles de 20:00 a 21:30 hs. Viernes de 19:00 a 20:30 hs.
- Infantiles: Martes y jueves de 18:00 a 19:30 hs.
Instagram: @nindokai.karate
Whatsapp: 2215449151
La práctica no es solo entrenamiento: es una forma de gestionar procesos, personas y decisiones en el tiempo.
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